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lunes, 29 de noviembre de 2010

Un ensayo sobre la fenomenología Husserliana

Advierto con mesura que el siguiente texto divaga entre el fenómeno y la cordura, y se prestan atención y leen entre líneas tal vez asome con sutileza alguna funesta rima. Pero no se asuste mí querido lector, trataré de ser arduo en mi gran labor, dejemos a un lado esta bárbara epoché y centrémonos de lleno en mi querido Husserl.

Ahora bien, primero centrémonos en la vida de este filósofo alemán – ya que pienso que para entender el pensamiento de alguien debemos adecuarnos primero al contexto en que se desarrolla su existencia. Pensemos, por ejemplo, en Sartre y su pensamiento: sin la guerra devastadora que acechaba el viejo contienen posiblemente nunca hubiese podido desarrollar su existencialismo de aquella manera, o por otra parte, sin las decepciones amorosas de Nietzsche este nunca habría sido misógino: uno de los aspectos más peculiares de su filosofía –.

Lo primero que podríamos decir de Edmund Husserl es que es oriundo de la antigua ciudad medieval de Prostějov en República Checa, la antiguamente conocida como Moravia. Nacido en el seno de una familia judía, el joven Husserl decide estudiar Matemática, disciplina en la cual alcanza a obtener el grado académico de Doctor. Casi un año después comienza a asistir a clases de psicología y filosofía con el que sería su maestro, Franz Brentano.

De este periodo publica Filosofía de la Aritmética, donde resaltan de inmediato su pasado matemático, reduciendo las leyes lógicas y matemáticas a meros procesos de la psique. Es aquí donde comenzamos a entrar en la materia de nuestro trabajo.

Al reducir la matemática, la ciencia duramente ideal a un proceso psíquico, incluyendo a la lógica en este ejercicio, estamos pasando de lo ideal a lo fáctico, de lo que idealmente pasa en el mundo de la lógica a lo que realmente pasa en el mundo lógico: se subordina lo ideal a la constitución mental del hombre.

Pero ¿cómo pasa esto? Ojalá la respuesta fuera tan sencilla de formular como lo fue la respuesta en mi mente – soy dueño de lo que callo, esclavo de lo que hablo -. Si dijéramos que aquella barrera que nos hacía creer que lo ideal está por sobre lo real desapareciese, no gratuitamente, sino porque nos hemos dado cuenta de que lo ideal está atado a la experiencia de lo humano (un ser netamente subjetivo), aquel idealismo al ser pensado por un ser subjetivo se vería envuelto en los límites del lenguaje y su subjetivación: ya no habría barrera entre lo ideal y real, por lo tanto, no hay ninguna verdad absoluta y por ende no se puede asentar ninguna ciencia en esta tierra de nadie. De aquella manera el psicologismo que estaba de moda en aquel tiempo se ve impedido de ser ciencia, ya que “lo factico no puede regir lo ideal, sino que, al contrario, es lo ideal la norma del pensar fáctico”[1]

Esto es porque la psicología tiene por campo de estudio lo particular y contingente, y la lógica por otra parte por leyes formales, universales y evidentes. No hay similitud entre ellas y en consecuencia la psicología no puede ser fundamento de la lógica.

Esto es lo que constituye su crítica al psicologismo. Pero ¿por qué nos hemos referido de su crítica al psicologismo? La respuesta puede parecer simple, incluso precipitada, un poco inmadura y tal vez no muy bien pensada, pero a decir verdad pienso que es porque ya en aquel texto se atisba un interés de elaborar un fundamento válido, lógico, un “fundamento del quehacer intelectual”[2]. Para ello nuestro autor viajará, según lo manifiesta Cruz Prados, a través una constante búsqueda para construir la filosofía como una ciencia estricta. El resultado de ello es su Fenomenología, primordialmente mostrándose a sí misma como un método.

Gritemos juntos “¡acerquémonos a las cosas, acerquémonos para que ellas nos hablen solas, que se muestren a si misma!” así podemos tener una doble realidad del objeto, una dualidad: un “eidos” y una “apoché”. El primero es lo que está en nuestra conciencia como un ser puro, como una esencia. Lo segundo es lo que llama nuestro Husserl como un entre paréntesis, lo que no pertenece al modo nato de ser del objeto en cuanto ser-dado en la conciencia: apoché (aunque sea tautológico).

Pero entonces cómo podemos llegar de la apoché al eidos. El autor nos explica que para ello tenemos que seguir una sucesión de pasos. Lo primero es suspender toda filosofía anterior, deshacernos del conocimiento heredado que tenemos del objeto, de toda la carga cultural que puede acarrear e incluso de la tradición de éste como elemento social. Lo segundo es eliminar todo carácter individual del objeto, de todo lo contingente que en él puede haber. Por último habremos de prescindir también de la existencia misma de éste. Sólo quedaría la idea en la conciencia, por así decirlo una imagen mental, la esencia: el ideal.

Pero aun así nos queda, amigos, la carga del sujeto; para eliminarla deberíamos pues poner entre paréntesis nuestra existencia misma, eliminando nuestras afecciones y todo fin práctico, convirtiéndonos en entes meramente contemplativos. De esta forma podríamos apreciar la esencia de las cosas, ya que para Husserl la existencia es casi un accidente de la esencia: una posición en el mundo.

Avancemos un poco más lento para explicar este último punto, aunque redundante sea, aquello de poner entre paréntesis. Esto último quiere decir que al eliminar la existencia del fenómeno nos queda el “ideal de…”, o sea el observante va a la cosa misma. Pongámonos en el siguiente caso. Estamos ante una silla de madera, con la pintura un poco desgastada, quizás un poco más chica para nosotros. El barniz protector en algunas partes esta casi inpercibible. Ahora, comencemos a comparar nuestra pequeña silla otras de metal, plásticos, fibra de carbono, de camping, etcétera. En fin, teniendo el conjunto de sillas comenzaremos eliminar la particularidad de este conjunto y buscaremos la universalidad… trataremos de buscar la idea de silla, la que englobe nuestro universo. Es en este momento cuando suspendemos el juicio y separamos la epoché de la eidos, teniendo como resultado una idea de silla muy alejada a nuestra pequeña e indefensa protagonista. En nuestra mente comenzará a surgir la esencia misma, un pensamiento, y olvidaremos los demás accidentes que cualificaban la individualidad: aparece la esencia pura. Y quién es el responsable: nuestra conciencia.

Sí señor, sí señora, y acá tiene que ver mucho el ejercicio que hice al principio de este pseudo-ensayo con respecto al autor. Hablar del pensamiento del autor es indisoluble de hablar del fenómeno que acompaña al autor. Sus ideas no surgen de la nada ni son ordenadas por un demiurgo, ambas tienen neta relación entre sí. Del mismo mono, hablar de un fenómeno es indisoluble de hablar de la conciencia y a la inversa, ya que la conciencia es la que va hacia la intención, busca y sobrepasa el objeto en cuestión, porque el fenómeno se manifiesta inmediatamente en la conciencia

Entonces ¿cómo hablar de fenómeno sin conciencia? Aquí es donde entraría en contradicción conmigo y mi trabajo, ya que mi pensamiento diverge de Husserl en su idealismo. Tomemos el ejercicio que hice al comienzo de éste trabajo y destruyámoslo, sí, despedacémoslo, ya que para trabajar con Husserl debemos sacar la epoché que lo rodea y utilizar su pensamiento puro. Transformarlo en un ideal. Por ejemplo: si la palabra como elemento lingüístico se manifiesta en realidad como un sonido articulado correspondiese a Husserl y su vida, pero como referencia lo que en realidad importa de la palabra es en realidad su significado, lo mismo sucede con el pensamiento. Hay que alienarlo de la realidad.

Pero no nos alejemos del tema, mis estimados. Hablar de fenómeno sin conciencia es imposible. Husserl concluye que no es posible alcanzar los objetos aunque estemos sometidos a los límites de la conciencia, ya que toda vivencia que tengamos implica un objeto cognoscible – pero aclara que sólo mientras nos abstengamos de todo juicio metafísico –, por lo que si estudiamos a la conciencia misma (en tanto conciencia) también estaremos estudiando sus objetos.

Entonces nos surge un pequeño problema ¿cómo hablar de esencia sin metafísica? Esto es porque su concepto de esencia no es de carácter metafísico, sino que por su tradición matemática, su concepto es de carácter lógico-matemático. Husserl no considera lo que él llama ideación o intuición ideática como un concepto universal obtenido por abstracción a partir de datos de lo sensible, va más allá.

“Encierra los elementos constitutivos e imprescindibles de su mostrarse a la conciencia, de su significado o contenido, no de su consistencia ontológica”[3]

Por lo tanto, mis queridos compañeros, en éste caso la esencia toma otro papel, un rol diferente al de la escuela eleática, pasa a ser una unidad ideal de sentido, una estructura primaria de significación, que tiene valor por sí misma. Con esto podríamos concluir que no es una confección acabada resultada del objeto, sino más bien que ella misma es fenómeno. Y aquí tendríamos otro bello concepto, ya que Husserl nos dice que este fenómeno lo podemos intuir.

Pero qué intuimos. En palabras de Alfredo Cruz Prado, la intuición de una ideación “es la visión directa de la esencia o “eidos”, que se alcanza por la simple presencia de ella en la conciencia”, lo que Husserl considera que es la fuente de todo conocimiento.

Para ir concluyendo, cerraremos éste ensayo tomando la conciencia como punto de cierre de la filosofía de Husserl, ya que la conciencia, según el autor, es el ser absoluto, la última realidad necesaria o por esencia. Por el contrario, la existencia del objeto es sólo existencia en tanto existencia para la conciencia, por lo tanto mi querido lector, si la forma de ser de algún ser no es para la conciencia significa que es el modo de ser objeto o ser-para-la-conciencia. De esta forma, el modo en que la conciencia en el mundo es que determina al modo de ser del objeto.

¡La conciencia es la realidad fundamental de toda realidad!

Al fin y al cabo, en la fenomenología todo ser es determinado por su modo de darse a la conciencia, el estudio de la objetividad se reduce al estudio de los modos de darse que caben en la conciencia, es decir amigos y amigas, a una fenomenología de la conciencia.


[1] Cruz Prados, Alfredo. Historia de la filosofía contemporánea, Ediciones Universidad de Navarra. Pág. 145

[2] Ídem. Pág. 141

[3] Ídem. Pág. 147

jueves, 7 de octubre de 2010

El fin de un camino

Y pensar que era ayer cuando estábamos tocando en una habitación, con una guitarra acústica, haciendo los bajos con un teclado y tratando de no tocar la batería muy fuerte para no opacar la voz. Pensar.
He meditado mucho esta última semana acerca de este fin, de éste cambio de ruta con Los Templarios, y por mucho de darle vuelta he llegado a la conclusión de que no me arrepiento de haber estado tantos años con este proyecto musical.
Ahora, en el día en el que los caminos bifurcan, ya hemos viajado mucho, en especial con Nicolás, mi fiel primo que me ha apañado en cada tontera que se me ha ocurrido durante los últimos 21 años de mi vida.
Hoy es tiempo de cerrar este capítulo y aprehender aquellos momentos tan felices que compartimos con todos los ex integrantes que han llegado a tener el título de templario.

Como músico traté de no abarcar temas cliché en el mercado, explorar otras vetas de la vida, insertarse en otras visiones del mundo, un poco menos realistas, un poco más humorísticas: si al fin y al cabo debo pensar que ya hay demasiada tristeza en el mundo como para sumar una canción a aquel montón.
Pero tengo un gran cuervo detrás de mí que anuncia que algo tal vez esté mal. No lo sé. Tal vez. Algo mal dentro que no pudo reunin a este grupo de personas y explotar su talento al máximo. Quizás fueron las hormonas las cuales alborotaron a mis compañeros. Lo sabré pronto o no.

viernes, 30 de julio de 2010

Yo, Juanito

Hola, soy Juanito Pérez y soy músico. En realidad juego a ser músico, toco tres o cuatro notas en la guitarra y me siento realizado, ya que mi mundo se acaba ahí. Pero en realidad podría aprender más notas y por lo tanto sentirme mejor, pero el problema es que en mi liceo no hay educación musical. Entonces está el problema de que la educación que pagan mis padres no me satisface como persona. El liceo está más preocupado en sacar buenos puntajes en la PSU que en educarme, pero en realidad no me quejo, porque son mis padres los que pagan y a ellos culparé cuando me sienta desconforme con la sociedad.

He sido un poco autodidacta en el aspecto musical, y he logrado reunir unos amigos que tocan otros instrumentos para armar una banda, pero creo que en realidad sonaríamos mejor si existiera alguna entidad que nos puliera el semblante musical, alguna entidad gubernamental, porque creo que ese el rol de estado, subvencionar a las personas y nos a los comerciantes… Y a veces pienso, cuando estoy solo en mi casa – ya que mis dos padres trabajan todo el día para poder sustentar el hogar – que por eso hay una gran división entre los que tienen más que yo y los que son como yo: la educación. A mí me preparan para ser obrero, una educación utilitarista, a ellos: para explotarme. Pero luego reacciono y me digo a mi mismo “debe ser la soledad lo que me hace pensar estupideces”

Así con la guitarra…

La otra noche me conseguí una tocata: “Juanito Pérez y los Bailables” decía el cartel. Grande, despampanante era el cartel. Hasta que nos llamaron del pub “El Municipio” para informarnos de que se habían conseguido una banda mejor, que traía más gente y de que aquella gente consumía más, y me puse a analizar los postulados que nos decían: si aquella banda que trae más gente y que vende más es mejor que nosotros, significa que los criterios de calidad se rigen por el mercado y NO por la calidad sonora ni puesta en escena, menos aun por los atributos musicales… pero bueno, la gente de “El Municipio” sabe por qué invita a ello, porque tratan de vender un producto: su pub y el estilo musical, pero en realidad – yo que sabiendo cuatro notas en la guitarra – como joven que soy no me siento identificado con la banda que toca en su local. Tal vez deberían dar espacio a otra bandas, tal vez a un “Juanito Pérez y Los Bailables” les iría bien tocando en su pub, tal vez a otras bandas que no tienen el espacio para tocar en su pub les iría mejor que a nosotros, pero los dueños del pub siempre eligen tres bandas y me han hecho creer que son las mejores bandas de su pub.

Tal vez, como psudomúsico que soy, debería probar otros pub, otros “Municipios” que estén más abiertos a una realidad musical diferente… pero luego me llega aquella moralidad tan “cristiana”, esa moral tan autodestructiva, que me dice que sea conformista, que me quede callado, ya que así me ha educado el estado.

Hoy, yo Juanito Pérez, desperté y me di cuenta de que no tengo el espacio, no tengo voz ni oídos que me escuchen, estoy solo, solo en el bello espejismo de mi casa. Estoy solo con mi guitarra, sólo ungiéndome en las letras musicales tan tristes, tan típicas de mi Coronel querido… tal vez alguien me lea y entienda que en aquel pub yo – un joven - no tiene la representatividad que necesito. De que no hay una cultura musical en aquel pub, y de la gente que asiste a él, debe exigir más bandas de las que los dueños muestran (y de la cual nos hacen creer que son las únicas)… tal vez estoy en un error, pero fui educado para callarme.

jueves, 8 de abril de 2010

miércoles, 3 de junio de 2009

Educación de mercado y sociedad

No digamos que los problemas de educación comenzaron en la dictadura, pero sí diré que éstos se incrementaron considerablemente durante el mandato del general. El Estado renegó, no sólo de la educación sino también, de la sociedad, entregando en bandeja de plata a los bulldog’s extranjeros (en especial a los yanquis) y a las multinacionales para sustituir el Proyecto de Desarrollo Nacional que se estaba llevando a cabo hasta el 11 de septiembre de 1973 por un proyecto “Neoliberal”.
La educación, amigos míos, deja de ser el eje central de la misma: ahora la educación deja su función histórica, y se convierte en un agente del capitalismo, ¡un agente para la burguesía sin nacionalidad!
¿Y cómo ocurrió esto? Quebrando la relación histórica de las universidades con el Estado a través del compromiso social que estas tenían, y fragmentando el Sistema Nacional Universitario, reduciendo, por ejemplo, el financiamiento de las universidades. Iniciando el proceso de privatización encubierta de éstas. Señora y señores, amigos míos, instalando la piedra angular de este sistema: la Sacra Libre Competencia.
De esta manera el Estado se desprende, sencillamente desaparece, ¡kaput! Reniega su rol regulador y se convierte en un ente netamente fiscalizador.
El Estado chileno es el Poncio Pilatos postmoderno
Ahora bien, esto aun no acaba.
El gobierno de Pinochet, al ver que su periodo terminaba, el 10 de marzo de 1990, proclama la tan nombrada LOCE, la cual tiene por fin último generar ciudadanos que sustenten el modelo neoliberal que impuso con el Golpe. Y claro que resultó, lo podemos ver cuando miramos a los jóvenes que fueron educados en la LOCE: individuos egoístas, enviciados en la lujuria que esta sociedad-mercado les brinda, consumistas insaciables de la cultura de la imagen, jóvenes huérfanos exiliados de la generación revolucionaria del gobierno de la Unidad Popular, desamparados en un destierro desfondado de la cultura Chilena. Prueba de ello es la proliferación de culturas urbanas que han nacido en Chile, en especial, en los grandes centros urbanos, donde más que nada reina la individualidad de las personas.

¡Puf! Pseudo torrantes que hablan de una cultura Chilena, siendo que Chile fue desposeída a son de hierro y sangre de ella cuando trató de manifestarla en un gobierno:
Chile es la tierra más fértil.
Prueba de ello es que toda manifestación de cultura que en otro país surge, Chile la adopta como hijo legítimo en un santiamén; pero esto tiene que ir acompañado de un conocido amigo nuestro: el dinero, la plata, the money, il soldi. Toda tribu urbana nacida o adoptada en los últimos años tiene ese gatillante, el dinero. Si no es rentable, el producto de imagen que nos ofrece la tribu es olvidado en pocos años, o acaso nos olvidamos tan rápido de los bailes que hacíamos como el AXE. Equivalente al Brit dance brasileño, el AXE fue descartado de las carteleras musicales porque no conllevaba consigo ningún producto más que no sea su música (ya que Chile no importó el movimiento cultural que consigo traía este estilo musical); en cambio, fue sustituido rápidamente por el Reggetón, que conlleva no un estilo muy escolástico que digamos, sino más bien, el liberalismo de la sexualidad: un tema tabú en la sociedad chilena.
El chileno necesitaba liberarse de tapujos y manifestar su individualismo sexual en colectivo.
Y ustedes se preguntan, qué tiene que ver esto con la educación. Simple. A la falta de una educación crítica (cómo la enseñanza de la filosofía en los liceos), el hombre no tiene cómo criticar el rol del Estado. Se le entregan vicios a los jóvenes para mantenerlos dominados, anestesiados, clorfenaminados, aletargados, soñolientos: he ahí entonces que propongo la “Política de Rebaño”. Como cual pastor el sector empresarial y gubernamental guían a su rebaño hacia el matadero; pero a las ovejas no les importa mientras el buen pastor les dé de alimento, sus miserables vicios.
¿y cómo hacerle frente a esos vicios? No lo sé, simplemente no lo sé. Me hallo como Molder en el último capítulo de “The File X”.
Una manera seria volver a generar personas críticas, la otra, derrocar al sistema. Les dejo eso a su elección.

lunes, 5 de enero de 2009

La maldita pregunta

Cacareando por los prados de Chivilingo Beach me atendió una pregunta, de esas que surgen una vez al mes, entre fantasías inconmensurables y tardes pajeras. Fue en ese lugar y tiempo, donde las gaviotas vuelas a ras de océano y las pulgas de mar exploran lejanos mundos ocultos entre botellas de Piri-Cola y latas de Báltica, en donde el sol te quema, la cara, cuello y espalda de forma depravada y maliciosa, en donde guatita bajo la sombra se me insinuó inocentemente una pregunta (tal vez sea por mecanismo de defensa del organismo para no perder la escasa cordura que me queda a causa de hambre y el alcohol, que en este último caso, el brebaje de la sabiduría fue escaso).
Sí señoras y señores, como les iba contando, aquella inocentona pregunta se me acercó entre vaporosas arenas abrasadoras de la playa blanquecinamente dorada y con sus ojos café palpitantes abrió delicadamente sus labios y de ellos no mas que salieron signos que en el aire cálido de verano me remitieron a un significado a través de un significante.
Y bella fue la pregunta, pero no estaba como para pensar en ella, en realidad no estoy como para pensar últimamente. Entornes traté de dejarla a un lado, ignorarla: tal como ignoro a personas que me mandan solicitud de amigo al Facebook; pero fue inútil (como el gobierno de la presidenta Bachelet): la ahora no agradable ni bella pregunta se convirtió en un estorbo.
Me coqueteaba de lejos, luego se sobajeaba de cerca, me tiraba acenita en la ropa, conchas de mar en la cara para que le diera mi atención, pero fui duro y no la pesqué; hasta que me surgió en la cabeza la frase del magnifico Cortázar “el hombre es un animal que se pregunta” y el remordimiento me calló de tumbes sobre mi marchitada conciencia como cual castigo divinamente bíblico.
Y fue como tratar de volver con la ex: la muy mojigata pregunta comenzó a acribillar mi mente (sistema de enlaces) con preguntas y preguntitas que sencillamente se veían desde lejos, pero con las tinieblas más densas de la metafísica tomista-aristotélica. Jaj ajjja y fue como un golde desquiciado de corriente, de esos que te dejan con miedo de volver a enchufar la tele. La maldita pregunta ahora era un regimiento entero de la CNI que ultrajaba y desgarraba de a poco pero violentamente mi forma de vida, cuestionándome incluso la necesidad de escribir esta pequeña historia para que ustedes, lectores agraciados por la misericordia de Chuck Norris puedan corregir sus faltas a futuro y enmendar el camino a las respuestas que hay dentro de nosotros y las que debemos buscar.

Como moraleja de este fragmento nos queda que las cosas pequeñas y sencillas que se ven a la distancia son difíciles y molestas de dar solución cuando las tenemos cerca y no supimos anticipar los conflictos que con ella traía.

sábado, 6 de diciembre de 2008

El olvido nietzscheano en el Crimen aristotélico de Cerati

Ahora que te tengo en frente, no puedo concentrarme para escribir. Tengo en la cabeza solo en remordimiento que me palpita calcinante como una herida al sol. El precio del crimen fue alto.
¿Qué debo hacer para sacarme los recuerdos, el arrepentimiento que me generan? Solo el olvido. Y en un lento me degrado. Si tan sólo tuviera un piano, lento y en Mi, trágico y en negras notas melancólicas.
Sólo balbuceos sin sentidos, ¡necesito algo mas que esto!
¿Y cómo lo hago para referirme a la canción y a lo que siento sin decirlo? Algo hay en ella que me agrada, pero que no puedo describir. ¡Simplemente me gusta! Es un tajante y abrumador juicio de gusto: tota la obra llega a una totalidad, a dos polos de una misma unidad: me gusta o no me gusta. Si trato de explicar la belleza seria forzoso según este sistema responder con que me gusta porque: la melodía es pegajosa, porque el piano melancólico, el cantante afinado o el bajo simple, porque le gusta a mi polola o me recuerda a alguien. Las explicaciones son redundantes, pero todo se reduce a: ME GUSTA O NO desinteresadamente de lo que los demás piensen de la obra.
Podrían explicarme que se la escribió a alguien en especial, tal cómo Álvaro Henríquez escribió la canción Amada para su hija Olivia Henríquez Loyola, pero eso no tiene mayor importancia, tanto como si me explicaran el método que utiliza Joan Miró (que seguramente no me gustan porque no las entiendo). Pero hay algo que me gusta… tal vez es el genio maligno de Descartes.
Tendríamos que remitirnos a otra forma de encontrar la belleza en la canción.
¿Y dónde podría apreciar belleza en la canción?
Si Platón escuchara la canción, seguramente no le gustaría, diría que expulsaran al cantante de su Republica por andar perturbando a los jóvenes (y en el caso de Ceratti: a las mujeres), que la obra es una simple imitación de otra imitación. Pero nada más seguramente.
En cambio Aristóteles trataría la obra con su Poética, y diría que la acción del hablante lírico es una imitación de la realidad y en tanto de las acciones de los hombres. Significa que en algún lugar de este mundo el artista observó el dolor de alguien y lo plasmó en su obra. Y cómo no, si el Filósofo dice que los objetos de imitación son las acciones humanas, sean en un grado mayor, menor o igual. En este caso, el autor procuró la imitación en un grado igual que la realidad: no un sentimiento obsesivo-compulsivo (como lo hacen Los Tres, por ejemplo en la canción Un amor Violento, donde prácticamente el hablante lírico se nos desgarra y desangra de amor y palabras cursis), ni tampoco uno inferior y burdo (tal como en la canción El Kioskito, de Laureano y los Krayones). En Crimen encontramos la justa medida en que se expresan las personas y el carácter moral de los hombres se ve reflejado sin excesos en la canción: la inútil espera, la ira de perder a alguien, la duda desesperante de no saber qué hacer, en fin: el dolor que siente el hablante lírico de haber culpado a su amada de engañarlo.
¡Qué estupidez!, pero ocurre… no es que sea mi caso, pero puede ocurrir… uff conjeturas, conjeturas, conjeturas; como dice Witgenstein: de lo que no sabemos, mejor no hablar.

Pero no demuestra remordimiento a lo que ha hecho ni resentimiento: es franco y recto consigo mismo, diría el maestro Nietzsche, ya que el hombre del resentimiento es el que no es franco, ni ingenuo, honesto ni recto consigo mismo.
Pero me equivoco, porque necesita olvidar para ser feliz, al igual que nosotros: los débiles. Necesita ser compensado con el olvido para redimirse del cruel castigo de la conciencia que lo abate fiero y tormentoso como cual tempestad electrifica el miedo campante al rapaz relámpago. Y esa necesidad de olvido es el núcleo de la obra, olvidar para someter el error al no-recuerdo.
- Suspiro fuerte e inteligible – Pero por más que trato de comprender la obra no puedo, me tranco al tratar de descifrarla. Pero claro, si no soy dueño de lo que pienso, menos a estas tantas de la madrugada. Sólo trato de descifrar lo que mi subconsciente hace; todo ocurre dentro de la obra, yo solo me reduzco a un simple y corriente espectador que solo atiendo a la siguiente lógica: pregunta y respuesta.
Trato de resolver este rompecabezas lingüístico, este Crimen, interpretando un acontecimiento, y más encima un acontecimiento inconcluso, inacabado, pendiente, imperfecto, suspendido, aplazado, incompleto, etcétera, etcétera y etcétera. Es inconclusa porque no está orientada a una finalidad, ni tampoco a un sujeto capaz de en cada uno de sus movimientos.
A parte, cómo poder intervenir en la obra, si ni bien (como atisbé anteriormente) soy sujeto: seria sujeto en tanto sujetara mi realidad, pero Freud me complicó la existencia al encontrar el subconsciente, quien es el que verdaderamente gobierna. Mi conciente o mi YO está al margen de esta ecuación obra = sujeto / subconsciente.
Así pues, todo esfuerzo de resolver la obre se convierte en hermenéutica: interpretación. Toda la energía que he ocupado se reduce a la interpretación.

“El dolor que siente el hablante lírico de
haber culpado a su amada de engañarlo”.

Mera interpretación. Elemental interpretación.
Por ejemplo, podría interpretar que el crimen es en realidad es la desconfianza, rasgo de los hombres digno de imitar por los artistas; que si cambiamos la palabra crimen en la canción nos queda así:

Que otra cosa puedo hacer
Sin olvido moriré,
Y otra desconfianza quedara
Otra desconfianza quedara
Sin resolver.

Esto me conlleva a una cadena de significantes para darle sentido a la obra, ya que la palabra crimen dentro de la canción no tiene mucho sentido que digamos.
Pero siguiendo con lo anterior, solo son conjeturas para tratar de reafirmar la tesis del dolor, ya que podríamos cambar la palabra crimen por infidelidad, dándonos otro significado muy similar a la canción, donde la ida de la amada está mas que justificada.

Ahora, por conclusión definimos tres temas principales que se presentan a lo largo y ancho del trabajo. Primero, la cuestión de que la obra es sujeto de si misma, y de que yo sólo puedo interpretar ese acontecer lingüístico (= en la medida en que se convierte la obra en signos y por la lógica de preguntas y respuestas), y de que es inacabado, ya que no puedo interpretarla del todo, por ende no puedo conocer la obra en si.
Segunda cuestión es que la obra en sí es una imitación de las pasiones de los hombres, de sus acciones, ni mayor ni en menor grado, sino como en realidad son.
Y por ultimo, esa acción es la necesidad que tiene el hablante lírico de olvidar lo que hizo para poder ser feliz, ya que lo que el hombre desea es la felicidad.

Pero antes de terminar tengo una pregunta que hacerles y espero una respuesta: ¿cuál es el Crimen?

esta palabra fue seleccionada por lo que se presenta en la quinta estrofa, verso tercero.