Y pensar que era ayer cuando estábamos tocando en una habitación, con una guitarra acústica, haciendo los bajos con un teclado y tratando de no tocar la batería muy fuerte para no opacar la voz. Pensar. He meditado mucho esta última semana acerca de este fin, de éste cambio de ruta con Los Templarios, y por mucho de darle vuelta he llegado a la conclusión de que no me arrepiento de haber estado tantos años con este proyecto musical. Ahora, en el día en el que los caminos bifurcan, ya hemos viajado mucho, en especial con Nicolás, mi fiel primo que me ha apañado en cada tontera que se me ha ocurrido durante los últimos 21 años de mi vida. Hoy es tiempo de cerrar este capítulo y aprehender aquellos momentos tan felices que compartimos con todos los ex integrantes que han llegado a tener el título de templario.
Como músico traté de no abarcar temas cliché en el mercado, explorar otras vetas de la vida, insertarse en otras visiones del mundo, un poco menos realistas, un poco más humorísticas: si al fin y al cabo debo pensar que ya hay demasiada tristeza en el mundo como para sumar una canción a aquel montón. Pero tengo un gran cuervo detrás de mí que anuncia que algo tal vez esté mal. No lo sé. Tal vez. Algo mal dentro que no pudo reunin a este grupo de personas y explotar su talento al máximo. Quizás fueron las hormonas las cuales alborotaron a mis compañeros. Lo sabré pronto o no.
Hola, soy Juanito Pérez y soy músico. En realidad juego a ser músico, toco tres o cuatro notas en la guitarra y me siento realizado, ya que mi mundo se acaba ahí. Pero en realidad podría aprender más notas y por lo tanto sentirme mejor, pero el problema es que en mi liceo no hay educación musical. Entonces está el problema de que la educación que pagan mis padres no me satisface como persona. El liceo está más preocupado en sacar buenos puntajes en la PSU que en educarme, pero en realidad no me quejo, porque son mis padres los que pagan y a ellos culparé cuando me sienta desconforme con la sociedad.
He sido un poco autodidacta en el aspecto musical, y he logrado reunir unos amigos que tocan otros instrumentos para armar una banda, pero creo que en realidad sonaríamos mejor si existiera alguna entidad que nos puliera el semblante musical, alguna entidad gubernamental, porque creo que ese elrol de estado, subvencionar a las personas y nos a los comerciantes… Y a veces pienso, cuando estoy solo en mi casa – ya que mis dos padres trabajan todo el día para poder sustentar el hogar – que por eso hay una gran división entre los que tienen más que yo y los que son como yo: la educación. A mí me preparan para ser obrero, una educación utilitarista, a ellos: para explotarme. Pero luego reacciono y me digo a mi mismo “debe ser la soledad lo que me hace pensar estupideces”
Así con la guitarra…
La otra noche me conseguí una tocata: “Juanito Pérez y los Bailables” decía el cartel. Grande, despampanante era el cartel. Hasta que nos llamaron del pub “El Municipio” para informarnos de que se habían conseguido una banda mejor, que traía más gente y de que aquella gente consumía más, y me puse a analizar los postulados que nos decían: si aquella banda que trae más gente y que vende más es mejor que nosotros, significa que los criterios de calidad se rigen por el mercado y NO por la calidad sonora ni puesta en escena, menos aun por los atributos musicales… pero bueno, la gente de “El Municipio” sabe por qué invita a ello, porque tratan de vender un producto: su pub y el estilo musical, pero en realidad – yo que sabiendo cuatro notas en la guitarra – como joven que soy no me siento identificado con la banda que toca en su local. Tal vez deberían dar espacio a otra bandas, tal vez a un “Juanito Pérez y Los Bailables” les iría bien tocando en su pub, tal vez a otras bandas que no tienen el espacio para tocar en su pub les iría mejor que a nosotros, pero los dueños del pub siempre eligen tres bandas y me han hecho creer que son las mejores bandas de su pub.
Tal vez, como psudomúsico que soy, debería probar otros pub, otros “Municipios” que estén más abiertos a una realidad musical diferente… pero luego me llega aquella moralidad tan “cristiana”, esa moral tan autodestructiva, que me dice que sea conformista, que me quede callado, ya que así me ha educado el estado.
Hoy, yo Juanito Pérez, desperté y me di cuenta de que no tengo el espacio, no tengo voz ni oídos que me escuchen, estoy solo, solo en el bello espejismo de mi casa. Estoy solo con mi guitarra, sólo ungiéndome en las letras musicales tan tristes, tan típicas de mi Coronel querido… tal vez alguien me lea y entienda que en aquel pub yo – un joven -no tiene la representatividad que necesito. De que no hay una cultura musical en aquel pub, y de la gente que asiste a él, debe exigir más bandas de las que los dueños muestran (y de la cual nos hacen creer que son las únicas)… tal vez estoy en un error, pero fui educado para callarme.
Cacareando por los prados de Chivilingo Beach me atendió una pregunta, de esas que surgen una vez al mes, entre fantasías inconmensurables y tardes pajeras. Fue en ese lugar y tiempo, donde las gaviotas vuelas a ras de océano y las pulgas de mar exploran lejanos mundos ocultos entre botellas de Piri-Cola y latas de Báltica, en donde el sol te quema, la cara, cuello y espalda de forma depravada y maliciosa, en donde guatita bajo la sombra se me insinuó inocentemente una pregunta (tal vez sea por mecanismo de defensa del organismo para no perder la escasa cordura que me queda a causa de hambre y el alcohol, que en este último caso, el brebaje de la sabiduría fue escaso). Sí señoras y señores, como les iba contando, aquella inocentona pregunta se me acercó entre vaporosas arenas abrasadoras de la playa blanquecinamente dorada y con sus ojos café palpitantes abrió delicadamente sus labios y de ellos no mas que salieron signos que en el aire cálido de verano me remitieron a un significado a través de un significante. Y bella fue la pregunta, pero no estaba como para pensar en ella, en realidad no estoy como para pensar últimamente. Entornes traté de dejarla a un lado, ignorarla: tal como ignoro a personas que me mandan solicitud de amigo al Facebook; pero fue inútil (como el gobierno de la presidenta Bachelet): la ahora no agradable ni bella pregunta se convirtió en un estorbo. Me coqueteaba de lejos, luego se sobajeaba de cerca, me tiraba acenita en la ropa, conchas de mar en la cara para que le diera mi atención, pero fui duro y no la pesqué; hasta que me surgió en la cabeza la frase del magnifico Cortázar “el hombre es un animal que se pregunta” y el remordimiento me calló de tumbes sobre mi marchitada conciencia como cual castigo divinamente bíblico. Y fue como tratar de volver con la ex: la muy mojigata pregunta comenzó a acribillar mi mente (sistema de enlaces) con preguntas y preguntitas que sencillamente se veían desde lejos, pero con las tinieblas más densas de la metafísica tomista-aristotélica. Jaj ajjja y fue como un golde desquiciado de corriente, de esos que te dejan con miedo de volver a enchufar la tele. La maldita pregunta ahora era un regimiento entero de la CNI que ultrajaba y desgarraba de a poco pero violentamente mi forma de vida, cuestionándome incluso la necesidad de escribir esta pequeña historia para que ustedes, lectores agraciados por la misericordia de Chuck Norris puedan corregir sus faltas a futuro y enmendar el camino a las respuestas que hay dentro de nosotros y las que debemos buscar.
Como moraleja de este fragmento nos queda que las cosas pequeñas y sencillas que se ven a la distancia son difíciles y molestas de dar solución cuando las tenemos cerca y no supimos anticipar los conflictos que con ella traía.
No recuerdo la primera vez que anduve en bici, ni mucho menos la primera vez que hablé, la primera vez que toqué una mujer delicadamente (ni tampoco de forma obscena), tampoco cuando di mi primer puñete ni el primero que recibí. No recuerdo cuantas mentiras he dicho ni cuantas verdades he ignorado, cuantas veces he insultado ni mucho menos llevo la cuenta de cuantos peos he sabaneado. No recuerdo cuando fue mi primera buena nota (no cualitativa) pero si recuerdo mi primer rojo (en cuarto básico). Seguramente si forzara la memoria podría recordar la primera vez de muchas cosas, pero sólo de las más recientes (como cuando tomé mi primer tequila que fue el año 2007 en la casa del beño). También podría recordar la primera ver que di un beso apasionadamente con legua (que fue en 6 básico), la primera vez que hice callar a una profesora (el año pasado no mas)… uff. No es una cosa de experiencia enumerar estas vivencias: hay algo que me dice que me estoy volviendo viejo a mis 19 prematuros años. ¡Cómo pensar así si soy terrible pollo todavía!
Necesito algo para la memoria, y también vitaminas para la concentración. La primera vez que tomé vitaminas fue en séptimo básico, cuando entré al IHC; luego tomé en primero Medio. Ahora que estoy en segundo (primseg) de la carrera necesito de nuevo Lesitone. Uff uff uff.
No me quiero aburrir escribiendo, sé (por iluminación divina) que seré el único que lea mis payasadas. Nunca faltara el ente en tanto ente que esté aburrido y lea mis escritos. Hasta en entonces me despido. A presto.